Los cinco pilares del Islam

La idea fundamental que vertebra al islam es la de la unidad, en todas sus manifestaciones.

El islam descansa sobre cinco obligaciones principales, que reciben en nombre de “pilares” (arkân): la confesión de fe (shahâda), la plegaria ritual (salât), el ayuno del mes de Ramadán (sawm), la limosna canónica (zakât) y la peregrinación a La Meca (haŷŷ).

La confesión de fe

La shahâda ocupa una posición central en relación a los otros cuatro pilares. Desde el punto de vista ritual, es la afrmación o testimonio de que “no hay más divinidad que Dios”, y de que “Muhammad es el enviado de Dios” (lâ ilâha illâ-Llâh, Muhammadun rasûlu-Llâh). El hecho de pronunciarla formalmente ante un mínimo de dos testigos determina defnitiva e irrevocablemente la condición de musulmán y la pertenencia a la umma o comunidad
de creyentes. 

En la práctica de la religión, la shahâda no implica un rito determinado, pero vertebra toda la vida del musulmán como un recuerdo constante de la unidad y del poder absoluto de Dios.

La plegaria ritual

La salât (de sîla, en ár. “conexión”) consiste en cinco plegarias rituales diarias, que constituyen un vínculo directo entre el adorador y el Adorado y que marcan la vida cotidiana del musulmán con su ritmo sagrado.

Desde el amanecer hasta la noche, conducen al creyente a la presencia divina, impidiéndole que las preocupaciones materiales y profanas le sumerjan por completo.

La limosna canónica

Uno de los principios más importantes del islam es que Dios es el dueño absoluto de todas las cosas, y que por tanto la riqueza es únicamente un préstamo.

El término zakât (que pasó al castellano como “azaque”) signifca a la vez “purifcación” y “crecimiento”. Las posesiones materiales quedan purifcadas apartando una cantidad estipulada para los necesitados.

Así, al igual que sucede con la poda de las plantas, este “corte” de las propiedades materiales produce un nuevo crecimiento.

El ayuno del mes de Ramadán

Este pilar consiste en abstenerse completamente de alimento, bebida, tabaco y relaciones sexuales, desde poco antes del amanecer hasta la puesta de sol.

Enfermos, viajeros y mujeres menstruantes o amamantando pueden interrumpir su ayuno y recuperarlo a lo largo del año, ayunando el mismo número de días perdidos. Si por cualquier otra razón la persona se ve físicamente incapaz de ayunar, puede compensarlo, alimentando cada día del mes sagrado a una persona sin recursos.

Los más jóvenes deben comenzar a ayunar desde la pubertad, aunque no es infrecuente que comiencen a hacerlo a edades más tempranas.

El ayuno comporta una abolición temporal de la dependencia del hombre al respecto de mundo de la materia, y le recuerda su fragilidad y su total dependencia de Dios.

La peregrinación a La Meca

La peregrinación a La Meca es una obligación únicamente para aquellos que estén en buenas condiciones físicas y posean los medios económicos suficientes para poder costearla.

La peregrinación mayor (haŷŷ) tiene lugar durante el 12º mes lunar, llamado dhu-l-hiŷŷa. Los peregrinos, de todas las razas y nacionalidades, se dirigen al harâm, el área sagrada que rodea La Meca, vestidos con el ihrâm, traje ritual compuesto por dos piezas sencillas de tela blanca sin costuras, y que habitualmente será el sudario del creyente cuando este fallezca.

Por medio de esta uniformidad, desaparece todo lo que les distingue y les separa.

La Meca es, para la tradición islámica, “el ombligo de la tierra” (surratu-l-ard).